Relatos de Ultratumba.

Por: Jorge Vargas.

Sólo estaba intentando ahogar mis penas en alcohol, quería sacar todo ese dolor que me estaba haciendo mucho daño porque en verdad, tenía hecho pedazos el corazón.

De la nada apareció ella, se sentó a mi lado; sonrió y pidió lo mismo que yo estaba tomando, no se le miraba su rostro. Como ya estaba entrado en copas, sólo la miré y de igual manera le sonreí para después seguir tomando, no me importaba nada en ese momento.

-¿Por qué lloras? Me preguntó para romper el hielo.

Seguía sonriendo y esperaba que le dijera una respuesta, le di un trago a aquella copa de tequila y le sonreí nuevamente.
-No debes llorar, debes de seguir de frente a lo que venga y sonreír así como lo acabas de hacer minutos atrás, no dejes que el dolor consuma ese noble corazón que tienes, debes de ser fuerte porque no fallaste en nada.

Me quedé sorprendido por lo que me dijo, hasta pensé que estaba delirando por todo el alcohol ingerido, sólo respondí que muchas gracias por su manera de pensar y por ese consejo que me daba.

Me miró y pude ver sus ojos que hasta ese momento no había visualizado.

Su sonrisa se notó diferente, me miró una vez más sonriendo, y antes de irse me dijo que no había cuenta que pagar, que todo estaba pagado, que podía tomarme todo el alcohol que quisiera, que todo sería gratis, pero que también podía tomar su consejo y retirarme del lugar.
No sé cuánto tiempo pasó, pero nuevamente  apareció y se sentó a mi lado, sonrió; una vez más pidió lo mismo que yo. Ahora sí pude mirar de quién se trataba y creo que por lo tomado no me sorprendió, hasta pensé que era afortunado porque ella estaba tomándose unas copas conmigo.

Le dio el último trago a su copa, me miró nuevamente, sonrió y me dijo con esa voz tan fría:
–¿Listo?, Es hora de irnos…

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