“Somos malas, podemos ser peores”, fue el grito de batalla de las llamadas “Feministas radicales”, no más de 50 de acuerdo con los cálculos de las autoridades capitalinas que, vestidas de negro, encapuchadas, armadas con gasolina, martillos, latas de brillantina pintaron, rayaron, rompieron, patearon, incendiaron 5 estaciones de Metrobús y algunos inmuebles históricos como el Monumento a Cuauhtémoc y el Hemiciclo a Juárez, en la Ciudad de México (CDMX), por supuesto.

La marcha, que congregó alrededor de 3 mil personas, 2000 empleadas del gobierno en el cerco de paz y 2500 mujeres policías para cuidar el desarrollo pacífico de la marcha, quienes trataron de contener sin agredir a las 50 mujeres más molestas, fue denominada por las mismas participantes como: “Ni una menos”, y a decir de la académica, articulista y conductora Gabriela Warkentin fue “Un grito de furia que sale de las entrañas”, comentario hecho en la emisión matutina de “Así las Cosas”, del día siguiente.

Antes de comentar algunos pormenores de ese grito de furia, conviene recordar que el 25 de noviembre fue elegido Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en recuerdo de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal quienes fueron privadas de la vida de manera brutal, un 25 de noviembre de 1960, por oponerse a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana.

No es posible entender el feminismo de hoy sin echar la vista atrás y reivindicar las luchas de tantas mujeres del pasado.

Se considera a Wollstonecraft como una de las fundadoras del feminismo moderno liberal. En 1792 se publicó su obra “Vindicación de los derechos de la mujer”. Wollstonecraft aplicó los principios ilustrados a un discurso liberal que defendía los derechos de las mujeres. Mary Wollstonecraft, con un estilo de vida muy alejado del ideal de “Ángel del Hogar”, fue sistemáticamente ridiculizada por algunos sectores de la sociedad. La filósofa era partidaria del igualitarismo radical, que reivindicaba la plena igualdad entre sexos. Defendía que las diferencias entre hombres y mujeres no se debían a diferenciaciones biológicas, sino a la educación y socialización recibidas. Así pues, Wollstonecraft sostenía que la ignorancia a la que se sometía a las mujeres era fruto de una estrategia de los hombres para mantener su “Tiranía”.

Aunque en esa época no se aceptaba la presencia de mujeres en los debates políticos, Wollstonecraft frecuentó los círculos radicales y expresó su opinión sin tapujos. Se opuso a las ideas de Jean-Jacques Rousseau sobre las mujeres, ya que el filósofo francófono consideraba que el objetivo de las mujeres era complacer a los hombres.

Rousseau concibió a las mujeres como meras acompañantes de los hombres. Mientras que sus ideas sobre la educación tenían en cuenta a los niños como personas en sí mismas, las niñas eran víctimas de un determinismo natural. Para él, la mujer no merecía una educación racional, sino que su principal función era agradar al hombre y darle hijos. Wollstonecraft, en cambio, respondió a los postulados de Rousseau y rechazó la educación discriminatoria propia de la sociedad patriarcal.

Especialistas en África, Asia, América Latina y minorías étnicas en Occidente han denunciado el silencio sobre las luchas de las mujeres del llamado Tercer Mundo. Según estas voces críticas, los movimientos de mujeres no occidentales están sometidos a mecanismos de exclusión, también desde el feminismo. Es decir, existe una visión de subalternidad de las mujeres no blancas.

LOS MOVIMIENTOS DE MUJERES HOY

Con marchas plagadas de consignas, gritos, exigencias como: “Si no luchamos juntas nos matan x separado”, “Estoy indignada por todas mis hermanas asesinadas”, “No estamos todas, faltan las asesinadas”, “Mujer ármate para la revolución”, “¿Cuántas + tienen que morir?”, “Si me matan sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”, “95% de los feminicidios en México quedan impunes”, “Queremos caminar libres y volver sanas a casa”, “Feminicidio. Narco Gobierno. Baja California”, “No + sangre (mancha roja)”, “La maternidad será deseada o no será”, “Ni sumisa, ni devota, te quiero linda y loca”, “Mujer no me gustas cuando callas” (En referencia al poema de Pablo Neruda), “Existo porque resisto”, “A palabras machistas, oídos violetas”, “Vivas nos queremos”, “#No nos cuidan, nos violan”, “Somos el grito de las que ya no tienen voz”, “Vivir sin miedo es nuestro derecho”, “Nuestro cuerpo, nuestra decisión”, “Estado feminicida”, “Ni se perdona, ni se olvida”, “Nunca podrán arrebatarnos la resistencia”, “Disculpen la molestia, pero nos están matando”, “Por el derecho a decidir”, “Sin despatriarcalización no habrá Cuarta Transformación (4T)”, “Políticas sin recurso, sólo es discurso”, “Yo decido  cuándo, cómo y con quién”, “No nací mujer, para morir por serlo”, “La revolución será feminista o no será”, y la pregunta “¿Cómo es que el feminismo te incomoda más que los feminicidios?”, entre otras.

Entre las pintas productos de marchas destacan. “México feminicida”, “No tenemos miedo”, “Vivas las queremos” y “Quiero seguridad”. Las pancartas y las pintas hicieron clara referencia al contexto de violencia e inseguridad que se vive en todo el país.

De acuerdo con Milenio, en lo que va del año 326 mujeres han sido víctimas de trata, 55 mil de lesiones, 4 mil 543 de abuso sexual y mil 362 de acoso sexual. Por su parte, Animal Político reporta que 2 mil 833 mujeres han sido asesinadas en México en el periodo que va de enero a septiembre de 2019, de las cuales solo 726 se investigan como feminicidios, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Según datos reportados por el sitio Expansión Política, 9 mujeres son asesinadas cada día en México (de acuerdo con la ONU); de 2015 a la fecha, suman 3,200 feminicidios a nivel nacional, solo de enero a junio de 2019 se registraron 470 casos (SESNSP); Veracruz es el estado más peligroso para las mujeres en la actualidad, al registrar 104 víctimas de feminicidio de enero a junio de este año, le sigue el Estado de México con 42 casos en el mismo periodo (SESNSP);  de 2013 a 2018, la sensación de inseguridad de las mujeres pasó de 74.7% a 82.1% y las mujeres se sienten más inseguras que los hombres tanto en lugares públicos como en privados: cajero automático en vía pública (87.4%), transporte público (74.2%), calle (72.9%), carretera (69.5%), mercado (65.5%), parques (62.1%), automóvil (48.9%), escuela (39.2%), trabajo (36.2%) y casa (26.7%), según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) 2018; las mujeres son las principales víctimas de delitos sexuales: en 2017, la tasa de este delito fue de 2,733 por cada 100,000 mujeres, cifra mayor a la tasa de 1,764 registrada en 2016 por el INEGI; la violencia que ejercen parejas, esposos, exnovios o exesposos contra las mujeres en México es “Severa y muy severa” en 64.0% de los casos, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2016; el 19.4% de las mujeres de 15 años y más ha enfrentado, por parte de sus parejas, agresiones de mayor daño físico, que van desde los jalones o empujones hasta golpes, patadas, intentos de asfixia o estrangulamiento e incluso agresiones con armas de fuego y abusos sexuales.     

En Latinoamérica destaca el caso de las mujeres chilenas que llevaron a cabo un performance organizado por el colectivo feminista Lastesis, en el que decenas de mujeres jóvenes, en diversos lugares de Santiago, coreaban: “El patriarcado es un juez, que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que ya ves. Es feminicidio, impunidad para el asesino, es la desaparición, es la violación (entre frase y frase hacían una sentadilla) y la culpa no era mía (aumentaron el ritmo y movieron brazos y piernas) y la culpa no era mía, ni donde estaba ni como vestía (tres veces) (para volver a corear) el violador eres tú (señalando al frente dos veces), son los pacos (los policías) (señalando a la izquierda), son los jueces (al frente), el Estado (un círculo hacia arriba), el presidente (cruzando las manos arriba de sus cabezas). Asesino. El Estado opresor es un macho violador (dos veces con más ritmo). El violador eres tú (dos veces). Duerme tranquila niña inocente sin preocuparte del bandolero, que por tus sueños, dulce y sonriente, vera tu amante carabinero. Terminaron coreando 4 veces “El violador eres tú”.  Cabe decir que muchas de ellas iban cubiertas de los ojos con una tela negra.

Baja California registró 22 feminicidios de enero a octubre de este año.

En este punto, es importante comentar la comparación que algunos tuiteros mexicanos hicieron entre esta manifestación y la marcha “Ni una menos” mexicana:

“Ojalá las feminazis chilangas fueran así de creativas y divertidas. Pero acá son unas bestias cavernarias que sólo saben hacer destrozos. Aparte, están más feas y gordas que las verrugas de mi abuela”

Tuiteó Carlos A. Franco.

“Así sí. Todo el respeto y admiración a las mujeres de Chile”

Queja ciudadana.

“Así se manifiestan las mujeres educadas e inteligentes que diferencia en México rayando, quemando demostrando su educación con la barbarie aahh pero nada más la toca un policía, un gobierno represor…”

Francisco Javier.

Lo anterior lleva a cuestionar la estrechez de quienes se preocupan más por la forma que por el fondo. Que ante los asesinatos de mujeres no expresan opinión y menos aún se unen a protesta alguna pero que si reclaman desde una postura cómoda, formalista y machista, el actuar de quienes exigen el cese de todo tipo de violencia en contra de ellas y las otras, de todas.

Esperan que las marchas sean festivas, alegres, creativas, como si 10 años de marchas de mujeres en México, de 2007 a 2017, como demostró CIMAC (Comunicación e Información de la Mujer, A.C.), no hubieran sido así. Como si ante el horror de la muerte, el acoso, la violación, la desaparición hubiera que conservar “El estilo” y ser modositas, femeninas, agradables al ojo masculino, al fin y al cabo, para eso fueron creadas las mujeres “Para agradar a los hombres”.

De manera que ahora, al salir a marchar hay que preocuparse por “Verse bien”, para que tuiteros como los aquí mencionados se sientan a gusto indicando a las mujeres como deben de protestar, porque “Así sí”.

Tuits como estos son una prueba más de una cultura misógina que sigue pensando en las mujeres como menores de edad que deben ser guiadas en todo momento por los hombres, ante su falta de criterio y madurez.

Son prueba también de lo difícil que es cambiar una cultura que durante siglos ha concebido a las mujeres como seres de segunda y que ha impuesto un estereotipo femenino que nunca ha correspondido con las necesidades de las mujeres y que las restringe a ser como los hombres quieren que sean.

Son muestra, asimismo, de lo terriblemente difícil que es mover e involucrar a la sociedad mexicana, al señor, a la señora indiferente en frente de cuya cara se mata a las mujeres. ¿O acaso las 3 mil manifestantes de la CDMX, de cara a las más de 40 mil personas que marcharon en España y las cerca de 150 mil en Francia, donde la violencia en contra de las mujeres no alcanza las aterradoras cifras de México, no son un indicador de tal apatía?

¿Qué pasa con la sociedad mexicana que no reacciona de la misma forma que la española y la francesa y sigue apoltronada en su sillón, haciendo como que no pasa nada, mientras la violencia criminal, familiar, comunitaria, estatal en contra de las mujeres se extiende por todo el país y tarde o temprano podría alcanzar a las hijas de tod@s?

La respuesta de las nuevas mujeres, de las jóvenes quienes sufren mayormente estos tipos de violencia, ante esta indolencia y de cara a la complicidad que supone mirar a otro lado es justamente “Somos malas, podemos ser peores”, informando que de no parar lo que ya se conoce como una pandemia en su contra se verán en la necesidad de tomar otras acciones, porque “Prefieren morir a perder la vida”, grito de furia que sale de las entrañas, diría Warkentin.

*Las publicaciones de Mary Nash, historiadora especializada en historia de las mujeres y La Dra. Ivonne Acuña Murillo, académica del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, han sido fuentes utilizadas.

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