Antes de concluir el cuarto año de gobierno de Felipe Calderón el escritor y periodista español Arturo Pérez-Reverte dijo “esto ya no es una guerra, es un desmadre”, por lo fallido de su guerra declarada contra el crimen organizado y el aumento indiscriminado de homicidios producto de ésta; hoy rememoro lo anterior porque a los apenas 17 meses del gobierno de AMLO se puede afirmar sin lugar a dudas -parafraseando- que esto ya no es gobierno sino un desmadre. Un desmadre al que hay que ponerle freno y contrapeso en la elección federal del próximo año.

En el contexto nacional el presidente, un día sí y otro también, arremete con su excesiva perorata fatua y retórica contra todo y todos que no sea de su agrado imputando diversos calificativos que rayan no solo en el insulto sino en la difamación. Múltiples ejemplos circulan en redes sociales y en medios de comunicación que de ninguna manera son “fake news” sino hechos ciertos, actuales y documentados, que dibujan la clase de presidente que tenemos. Es tan variada y tan constante su incontinencia verbal que todos los días hay novedades al respecto dejando en segundo término los del día anterior, y el anterior, y el anterior.

Como aficionado al béisbol que se enorgullece ser al presidente le aplica aquello que se utiliza en el argot: “ni picha, ni cacha, ni deja batear”. La más reciente muestra de esto fue su evidente molestia ante el acuerdo alcanzado entre el Consejo Mexicano de Negocios y el BID para apoyo empresarial -micro, pequeñas y medianas- por 300 mil millones de pesos, del que entre otras cosas dijo que equivale a un acto de corrupción y que no le gustó ‘el modito’ que se utilizó para su concertación. Ah! Pero en nada ayuda al ‘pueblo bueno’ además de los recursos clientelares y de las despensas que se entregan -previo registro y seguimiento evidentemente con fines electorales- pues a pesar de la total o casi total ausencia de ingresos -comercio formal, informal y ambulante- se sigue cobrando de manera puntual el agua, la luz, el gas y la telefonía. Ningún aviso de mora se ha dado -mora, no condonación- al igual que tampoco en el pago de impuestos. O sea, como lo escribí en el artículo anterior, AMLO le aplica al ‘pueblo bueno’ -habrá de disculpar- “chíngate tú porque yo no”.

Ahora vea una de las más recientes de su gobierno: el titular de la PROFECO en el país ha declarado que se mantenga el pago de las colegiaturas en las escuelas privadas “porque les están pagando a todos sus trabajadores y como papás queremos que cuando los niños regresen a clases luego de la emergencia estén ahí también los maestros”. Este sujeto -por no decirle peor- cree que es lo mismo la enseñanza presencial que la enseñanza a distancia y digital. Si bien las supuestas clases son en línea, no reúnen los servicios de calidad originalmente contratados previo el pago de una colegiatura convenida entre las partes y así, a disminución de calidad, debe haber un descuento sustancial en el precio convenido pagar a través de dicha colegiatura mensual. Esto es indiscutible. Pero el Procurador Federal del Consumidor debiendo ser la voz defensora del ‘pueblo bueno’ para realizar un posicionamiento firme y sustancial en favor del consumidor (los padres de familia), se ha convertido en el Procurador Federal del Proveedor (las escuelas privadas), defendiendo su derecho al cobro íntegro de su colegiatura mensual. ¡Hágame el favor!

Tal vez, emulando a su patrón, ha de pensar este tipo que aquellas familias que tienen a sus hijos en escuelas privadas son ‘fifís’, pero lo cierto es que hay de escuelas privadas a privadas y los padres de familia, en aras de una mejor enseñanza a sus hijos -alejada de los paros y problemas sindicales- hace el mayor de sus esfuerzos para pagar escuelas privadas aún modestas. No se puso a considerar ‘el procurador’ que esas escuelas privadas han disminuido en grado superlativo sus gastos de luz, agua, telefonía, mantenimiento, etcétera, que bien podría traducirse en un descuento para los padres de familia. No se puso a pensar este sujeto que en los hogares de estos alumnos tienen con muchas dificultades a lo máximo una computadora y que si tienen dos o más alumnos a la vez en casa, las complicaciones para su uso y participación sobran enumerarlas.

Y así, muchos problemas más por la torpe inacción de quien se dijo durante muchos años saber todo de todo y que todo podía arreglarlo. Pero ahora que está en la silla presidencial -mal sentado, por cierto- ha desmantelado como chivo en cristalería todo aquello que funcionaba bien o ‘masomenos’.

Lleva 17 meses hablando de combatir la corrupción pero además de a Rosario Robles -asunto más de venganza que judicial- ¿a quiénes ha metido a la cárcel?

Ha sostenido que con él se ha disminuido el huachicol, lo que es falso.

Ha sostenido también que su estrategia de besos y abrazos, no balazos, ha funcionado, lo que también es falso. Hay más muertes violentas incluso que en el mismo período de Calderón o Peña.

¿Sabe usted de líderes delincuenciales en el país apresados durante sus 17 meses de mandato? No hay ninguno. Y al que dejaron ir -el hijo de El Chapo- a su mamá saluda con deferencia y hasta de tú le habla.

Y del manejo de la pandemia ni hablemos. Siguió repartiendo besos, abrazos y mordidas infantiles; continuó invitando a salir a fondas y restaurantes porque no pasaba nada; ha dicho que México es ejemplo para el mundo en el manejo de la emergencia siendo que es el país que se ubica en el último lugar de las pruebas realizadas y, en el colmo del descaro, afirmó hace unos días que ya se había ‘aplastado’ la curva de contagios, cuando lo cierto es que según sus propias cifras el índice de mortandad en el país es del 8 por ciento y en Baja California del 14 por ciento. (Vea una gran diferencia: San Diego tiene un índice de mortandad del 3 por ciento).

Anteayer AMLO hizo el anuncio de otra conferencia diaria con lo que sumaría al menos 5 horas al día de evidente campaña permanente, y aunque presuma que de 6 a 7 am se reúne diariamente con su Gabinete de Seguridad, eso de nada ha servido para contener, disminuir y controlar la delincuencia. Vaya, ni siquiera la delincuencia doméstica o del fuero común.

Por eso y mucho más parafraseo a Pérez-Reverte iniciando el mes número 18 del ejercicio de AMLO: esto ya no es un gobierno, es un desmadre.

Y hay que corregirlo -ponerle freno y fuerte contrapeso- en la siguiente elección federal de 2021.

Por Lic. Francisco Castro Trenti.

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