La crítica al feminismo mexicano es la ausencia de un feminismo indígena influyente. En nuestro país el feminismo mexicano es la prolongación del racismo y clasismo existentes desde hace siglos.

Por la vía de los hechos el feminismo mexicano es en realidad una corriente política en la disputa del poder; las feministas empoderadas funcionan como un Suprapartido político cuya lucha unidimensional pasa a  un segundo plano la pobreza y el racismo que padecen las mujeres indígenas.

Basta observar la conformación de los poderes legislativos, no hay legisladoras indígenas. Los artículos periodísticos resaltan de las diputadas, senadoras y alcaldesas su linaje político de sus padres o esposos, o bien, su ascendencia rica o de la elite académica.

El feminismo indígena no tiene la solidaridad de las feministas blancas, de las educadas, de las de estratos superiores. En muchos casos son las mujeres indígenas son las trabajadoras domésticas explotadas por las mismas feministas empoderadas.

Para acabar con la opresión y marginación de las mujeres indígenas, no basta con combatir el machismo, el sexismo y la violencia contra las mujeres, ni es suficiente leyes que garanticen la paridad de género y acción afirmativa en el servicio público, sino que es indispensable abolir las desigualdades de todas las personas. Tarea utópica pero inmoral el renunciar a intentarlo.

Las feministas blancas y de estratos superiores no están pidiendo que en la misma proporción de la mayoría de la población indígena, sean reservadas exclusivamente para las mujeres de etnias los cargos de elección popular. Las blancas y de estratos no superiores ya lograron su mitad y no hay propuestas de compartir lo alcanzado.

Aún con la ausencia de un feminismo indígena, e independientemente de la concepción filosófica académica del feminismo como corriente de pensamiento o política, del activismo en las redes sociales de la mujer común, y de un análisis crítico del discurso de las mujeres empoderadas en el servicio público, se logra interpretar claramente cuatro modelos de concepción del feminismo en México.

Un feminismo patriarcal

Están a favor de la igualdad de libertades y oportunidades entre el hombre y la mujer, pero consideran que las diferencias sexuales son inmanentes a los papeles culturales.

El feminismo patriarcal reclama una mejor valoración social y económica al rol que consideran natural por diferencia biológica de la mujer.

Afirman que el rol de la reproducción junto al de la crianza y educación de los hijos es intransferible a los hombres, por lo que debe socialmente tener una consideración primordial y mayor reconocimiento al igual que se hace a los roles asignados culturalmente a los hombres de trabajo remunerado y participación en la esfera pública.

Sostienen que la mujer debe tener igualdad de oportunidades y libertad de participar en los segmentos privados y públicos más allá de las labores domésticos, y que las diferencias biológicas entre ambos sexos son complementarias entre sí.

Un feminismo reivindicador

Reclaman además de la igualdad entre personas de diferente sexo, la independencia de la mujer respecto al hombre. Rechazan los roles culturales asignados que los atribuyen a la dominación masculina de las mujeres.

Plantean que la sociedad debe reconocer la igualdad entre hombre y mujer sin diferencia, y ocupar las mujeres los lugares ocupados por los hombres. Los cargos públicos y los puestos de trabajo del mercado laboral son indistintos al sexo e intercambiables, ya que los pueden desempeñar tanto los hombres como las mujeres.

Razonan al trabajo doméstico y a la maternidad como las causas de la opresión y marginación de la mujer, y consideran primordial la ocupación de la mujer en el mercado de trabajo y el campo público.

La maternidad y la consecuente crianza de los hijos, es vista como un obstáculo para la competitividad laboral o la disputa del poder público, y al mismo tiempo como una relación de subordinación al hombre.

Reconocen y exigen el derecho a la soberanía sobre el propio cuerpo, lo que incluye la libre conducta sexual y el aborto. El enemigo es la cultura patriarcal.

Un feminismo en guerra de sexos

Coinciden con el feminismo reivindicador, pero van más allá. Afirman que las diferencias biológicas entre el hombre y la mujer no los hacen diferentes en el plano social, y sostienen que el obstáculo para la verdadera emancipación de la mujer es el hombre.

Reclaman la absoluta igualdad entre el hombre y la mujer, sin ninguna diferencia, en todos los planos y campos humanos.

Sostienen que la mujer debe ser liberada de las relaciones sexuales con los hombres.

Un feminismo interdependiente y corresponsable con el hombre

Al igual que los anteriores modelos, reclaman libertad e igualdad, promueven el empoderamiento privado y público de las mujeres, pero sostienen que la mayor parte de los roles asignados por la cultura patriarcal son intercambiables.

Afirman que debe existir una interdependencia y corresponsabilidad de ambos sexos en la maternidad/paternidad, que son las únicas tareas naturales.

La convivencia en pareja debe partir de la base de la igualdad con la amalgama del respeto y afecto mutuo.

En cuanto a las otras tareas en sociedad además de interdependientes y corresponsables entre sexos, deben ser intercambiables, tanto en las labores domésticos, como el mercado laboral y la función pública.

El fracaso del feminismo es el fracaso de todos

La igualdad jurídica, la paridad de género, la libertad de conducta sexual, el aborto legal y el reconocimiento a las diferentes formas de la familia, la tipificación de delitos por motivos de género y la mayor eficiencia de procuración e impartición de justicia, ha resultado accesorio para la emancipación de la mujer.

La mayor evidencia son las mujeres pobres y las mujeres indígenas. No tienen acceso a una vida digna de bienestar pleno y ni siquiera tienen la capacidad de expresión para ser oídas y atendidas, mucho menos al poder público.

La ausencia de un feminismo indígena hace inútil al feminismo mexicano para traer justicia a las mujeres en pobreza extrema.

De ahí que es necesario para la emancipación de todas las personas en México, un feminismo indígena vigoroso y robusto, que logré sacudir las instituciones actuales.

La justicia, libertad y educación para las mujeres indígenas implica por fuerza un estado de bienestar para todas las personas marginadas y vulnerables.

La abolición de las desigualdades que sufren las mujeres indígenas, pasa por la libertad y justicia plena para todas las personas.

De ahí que todas las feministas y todos los humanistas, tendrían que fortalecer el feminismo indígena si queremos tener un futuro mejor.

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