El director general del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons, confirmó el pasado 12 de julio —Con bombo y platillo— que la mayor administradora de fondos del mundo, BlackRock, figura entre las transnacionales que desean invertir en la construcción del Tren Maya, llama la atención porque el gobierno de Andrés Manuel López Obrador dice abominar de todo lo que huela a neoliberalismo y la trasnacional BlackRock fue notoriamente privilegiada por su antecesor Enrique Peña Nieto, lo cual no obsta para que la cuarta transformación la presuma como posible inversora en las obras del Tren Maya.

La presencia de BlackRock en México se remite a 2008, cuando el país era gobernado por Felipe Calderón Hinojosa. Sin embargo, logró crecer de manera exponencial durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. El 29 de junio de 2015, Peña Nieto —Acompañado de su gabinete económico— ofreció una cena en Palacio Nacional al consejo directivo de BlackRock, encabezado por Larry Fink, con el fin de exhortarlo a que invirtiera más en México, Peña recordó que había visitado a Fink, en Nueva York, cuando aún no era candidato presidencial del PRI. Fue a verlo para hablarle de las reformas estructurales que México debía impulsar para acelerar el crecimiento económico.

Fink y su comitiva escuchaban embelesados. Y cómo no, si tres meses antes (El 26 de marzo de 2015), Petróleos Mexicanos había incorporado a BlackRock al desarrollo de la fase II del gasoducto Los Ramones, (Se trata de una obra de seguridad nacional, que trae gas natural desde Texas, en los Estados Unidos, hasta Guanajuato, en el centro de México); existía, además, otro antecedente: el 1 de junio (Apenas 28 días antes de la cena ofrecida por Peña Nieto a Fink en Palacio Nacional), Pemex y BlackRock habían firmado un memorándum de entendimiento para el desarrollo de infraestructura energética. Así pues, la invitación de Peña a Fink abrió a BlackRock un multimillonario portafolio de negocios, tan fue así, que Pemex anunció el 30 de octubre de 2015 que BlackRock intervendría también en la construcción de la primera fase del Proyecto Golfo Centro (Para el suministro de gasolinas y diésel desde el puerto de Tuxpan, Veracruz, a la zona centro del país).

Peña Nieto dio todas las facilidades de inversión a BlackRock a pesar de que, en 2014, la empresa estadounidense firmó un contrato con Afore Banamex violando la cláusula que le exigía estar exenta de cualquier investigación judicial, pues por aquellos días (Enero de 2014), BlackRock era investigada en Italia. Las pesquisas, sin embargo, fueron cerradas abruptamente por las autoridades italianas, sin dar ningún detalle a la opinión pública del porqué lo hicieron.

El 13 de julio de 2018, el portal Aristegui Noticias, destacaba que BlackRock tenía el control directo e indirecto de cinco proyectos de infraestructura energética (Entre ellos, el de Los Ramones), así como de seis bloques de exploración petrolera.

«BlackRock tiene acciones de 69 empresas en la Bolsa Mexicana de Valores, lo que la hace la inversionista más grande del mercado bursátil mexicano. No participa en ninguna junta directiva, pero en su sistema de información procesa y almacena los documentos exclusivos que recibe como inversionista», consignaba la nota referida.

El 7 de mayo de 2018, el todavía candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador recibió en su casa de campaña de la Ciudad de México al director ejecutivo de BlackRock, Larry Fink, la reunión fue calificada por Carlos Urzúa (El hoy polémico ex secretario de Hacienda y Crédito Público) como muy afable, «Porque Larry Fink conoce extraordinariamente bien a México y es una persona con una visión no solamente empresarial sino social». Once meses después, el 12 de abril de 2019, López Obrador y Fink se encontraron en Mérida, Yucatán, en el marco de la firma del Acuerdo entre los Sectores Privados de México y Estados Unidos.

El director ejecutivo (CEO) de BlackRock dijo en su discurso que la prosperidad de México depende de un entorno fértil para los negocios. «Necesitamos alinearnos y encontrar un punto en común», enfatizó, en ese marco, López Obrador se refirió a Fink como su «Amigo y tocayo». Avaló su visión estratégica, aunque señaló que en la asociación entre sector público y sector privado se deberá incluir, en lo sucesivo, al sector social de la economía, es decir, a los obreros, a los ambientalistas y a los cooperativistas, entre otros. Aprovechando esta señal favorable, el 18 de abril, Fink envió una carta al presidente de México en la que le aseguró que BlackRock está fuertemente comprometida con México. «Estamos preparados para asociarnos en la construcción de infraestructura de servicio de internet en todo el país y para desarrollar el Istmo de Tehuantepec».

Fink lanzó el anzuelo a sabiendas de que López Obrador aseguró el 23 de diciembre de 2018 que el proyecto del Tren Transístmico —Que correrá de Salina Cruz, Oaxaca, a Coatzacoalcos, Veracruz— se ejecutará sin inversión de potencias extranjeras.

Los negros antecedentes de BlackRock no impidieron a López Obrador llamar «Amigo» a Fink, ni que Fonatur festinara el interés de esta trasnacional de invertir en el Tren Maya y otros proyectos, tal situación exhibe la incongruencia del actual gobierno de México, que tiene como una de sus principales características la de manipular hábilmente a la opinión pública. El 23 de diciembre de 2018, en Salina Cruz, Oaxaca, donde anunció formalmente el proyecto del tren transístmico, López Obrador disculpó a Benito Juárez por la firma del Tratado MacLane-Ocampo. Sus palabras fueron:

«Cuando la intervención, cuando los conservadores se oponían al cambio, el presidente Juárez tuvo que plantear la posibilidad de un tratado con Estados Unidos para defender a México de la invasión francesa, de la intervención militar. Y estuvo a punto de firmarse el Acuerdo McLane-Ocampo, el Senado de Estados Unidos lo rechazó y no se llevó a cabo. Fue también como una bendición el que no se haya logrado ese acuerdo».

Con esto, la señal que envío el presidente López Obrador es que, si los conservadores actuales llegan a tener la fuerza para impedir la cuarta transformación, se entregará al gobierno de los Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, al cual —Por cierto— ya le cumplió un primer capricho al hacer de México un «Tercer país seguro».

Si Trump llega a exigir que se acepte la participación de BlackRock y de otras megacorporaciones estadounidenses como Goldman Sachs en el Tren Transístmico, lo más probable es que López Obrador acepte con el argumento de «Proteger los intereses de la nación». Juárez autorizó el Tratado MacLane-Ocampo. López Obrador, ¿por qué no habría de imitarlo?

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