Cuando era niño, a la edad de 10 años para ser exacto, mi abuelo que en paz descanse me preguntó: “¿Quieres saber cómo se puede atrapar a un duende?” Sí, Le contesté. Entonces me dijo que tenía que irme al monte a las 12 de la noche y llevar 4 cosas nuevas sin usar: Una cobija, una baraja, un galón de vino y vasos. Seguido me contó esta historia de un hombre que logró atrapar a un duende… Se trata de un leñador muy pobre que vivía con su familia en un ranchito en Nayarit.

Esa persona aparte de dedicarse a cortar leña para venderla en el pueblo, también hacía carbón en el monte. Así que un día se puso de acuerdo con tres amigos para ir al monte a hacer carbón, el proceso de este, requería de estar mínimo tres días cuidándolo en el monte para que no se fuera a quemar y se hiciera cenizas. Pues bien, como eran 4 personas ahí trabajando, se turnaban de dos en dos para vigilar el carbón, la segunda noche le tocaba vigilar al leñador con otro de sus compañeros.

A las 12 de la noche y pasaditas, el leñador decidió tender una cobija para recostarse un poco, pero también colocó ahí una baraja, un vino ya que le gustaba tomar, también puso vasos. De repente su compañero lo llamó para que lo ayudara en el horno donde hacían el carbón, así que fue a auxiliarlo. Cuándo regresó quedó impresionado al ver a 3 hombrecitos dormidos de borrachos sobre su cobija, ya que estos se habían bebido su vino, y encontró su baraja regada en el suelo, él se armó de valor y cuidadosamente logró atrapar a uno con su morral, tras esa acción los demás duendes corrieron.

Así pasó y al día siguiente, al amanecer, el leñador se fue para su casa, llevando al duende en su morral, pero en el transcurso del camino el duende le habló y le dijo que lo dejara libre, pero que antes le tendría que conceder un deseo, lo que él le pidiera. A lo que el leñador le pidió ser rico, para tener muchos negocios y ayudar a su familia. El duende se lo concedió, con la sola condición de que cada vez que comiera debía aventar el primer bocado hacía atrás y sin voltear, si él llegaba a equivocarse y se comía el primer bocado, su alma le iba a pertenecer al duende. El plazo era por 5 años, y al término de estos el duende desapareció porque el leñador hizo bien las cosas.

Muchos años después el leñador murió de edad ya avanzada, dejando a 7 hijos cada uno con profesión y con negocios que actualmente están sacando adelante en un pueblito de Nayarit, yo no conocía a ese leñador pero si a sus hijos, que cuentan que esta historia fue real, no digo nombres ni apellidos pero son muy conocidos en Acaponeta, Nayarit.

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