Pensar y situarse en lo que ocurría en 1953 es un acto difícil, imaginar lo que pasaron muchos hombres y mujeres hasta llegar a presenciar el momento de… “Estar en una urna electoral para emitir su sufragio”, hubiese parecido algo sacado de la imaginación de cualquier soñador feminista de hace casi siete décadas. Desde incluir en el leguaje los conceptos de voto, sufragio, representación entre otros, fue todo un reto, las mujeres de esa época tenían poco acceso a preparación de cualquier tipo, incluso acudir a la escuela para aprender a leer y escribir, era algo vedado, ya no digamos a su participación ciudadana. Fue un peregrinar intenso, hasta encontrar oídos que quisieran escuchar las peticiones de personas que tuvieran interés en incluir a las féminas en la participación ciudadana, por otra parte, convencer a las mujeres de que su participación en la vida política del país era importante.

Por fin, el 17 de octubre de 1953, se publicó en el Diario Oficial de la Federación de nuestro país, el nuevo texto del Artículo 34 Constitucional “Son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan además los siguientes requisitos: Haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir”. Fue así como se reconoció el derecho al sufragio femenino gracias a la organización y participación de las mujeres en los foros feministas, demandando derechos ciudadanos, pero la materialización se vio hasta pasadas dos décadas, ya que muchas damas sufrieron una severa represión familiar que les impedía acudir a las urnas a votar. Sin mencionar las presiones que sufrieron cuando quisieron ser militantes de algún partido político. Las mujeres acostumbradas a vivir bajo la tutela de algún hombre de su familia, manifestaban a través de su voto lo que ellos les decían.

A pesar de la importancia que tenía ese primer ejercicio democrático en la libertad de decisión, la verdadera democratización de la ciudadanía tardó mucho más en gestarse, sobre todo porque la tradición imperaba sobre la razón. Hoy especialmente quiero comentar que si los hombres y mujeres en la actualidad se permitieran ver el pasado ponderando la labor realizada por aquellos que querían una mejora ciudadana de hombres y mujeres (Aunque suene redundante) trataríamos con más respeto una elección, que nos cuesta dinero, trabajo, desgaste físico y emocional, porque en la pasada elección de hace un mes en Baja California, el resultado de la participación ciudadana no es para sentirse orgulloso. Es como haber echado a la basura el trabajo realizado por todos aquellos que nos antecedieron, al igual que el dinero, gastado en la elección que dicho sea de paso, no es del Estado, es de cada persona que contribuye al crecimiento de nuestro país, en consecuentemente se puede decir que nos estamos saboteando solos.

Pretendemos echar culpas a una autoridad electoral por no haber promovido una participación ciudadana mayor en la elección del 2 de junio del año que vivimos. Pero, la realidad, es que nuestra irresponsabilidad ciudadana, quedó manifiesta, por nuestra poca presencia en la misma. Otra cosa habría sido, si la manifestación de la ciudadanía al acudir a las urnas electorales hubiera sido anulando sus votos, porque ello implicaría asistencia, compromiso, manifestación de que lo que sucede en la localidad y no les agrada, permitirían hacer sentir su injerencia y participación en el destino del Estado. Ahora escucho muchas voces que se manifiestan en contra de las determinaciones que toman los Diputados salientes del Congreso de nuestra entidad, pero su preocupación no deja de ser solo eso, porque los ciudadanos no acudimos a votar, independientemente de si somos hombres o mujeres. Distinto sería si al ver la participación ciudadana masiva, con una manifestación clara de no conformidad conllevaría a ver una elección con más respeto por parte de todos en el país.

Al no cumplir con nuestra obligación y derecho a votar se nos olvidó que la autodeterminación política de los individuos, su posibilidad de decidir sobre el contenido de las normas a las que vamos a estar sometidos, se realiza, se ejercita, tomando parte en los procesos de elaboración y aprobación de las decisiones relativas al desempeño del poder, conformando así el estatuto político de la comunidad como una entidad política. No en vano eso es lo que significa “Participar”: tomar o ser parte, y la intervención del individuo, en la toma de decisiones a través de sus Diputados es lo que la hace posible, la existencia de todo, de la comunidad política.

Y de nuestra comunidad política, jurídicamente organizada, en tanto asumamos como propio(a) nuestro compromiso a favorecer nuestra intervención, será lo que sin duda contribuya a dotar de carácter “Autorreferencial” al sistema. Por lo que nuestra participación constituye la vertiente dinámica de la autodeterminación política que depende únicamente de que estemos presentes en el momento de acudir a votar. De ésta manera estamos respaldando a cada uno de nuestros representantes, y manifestamos nuestro interés político sobre lo que analizan, votan o desechan en el Congreso del Estado, así que como vemos nadie la tiene fácil, ni el Congreso del Estado, el Gobernador electo y mucho menos los ciudadanos, que por hoy diré dirigida a las mujeres “Es momento de hacer historia”, otras lo hicieron hace casi 12 quinquenios, es momento de recuperar nuestra participación ciudadana, que no fue fácil que se reconociera, ahora llegó el momento de ejercerla y hacerla valer en todo lo que es.

En la actualidad la participación de la mujer en muchos ámbitos se ve. Mujeres en la política y en muchísimos puestos clave de elección popular así como de otro tipo de representaciones y trabajo, han transcurrido 66 años desde que la mujer mexicana salió por primera vez a las urnas a emitir su voto, camino de tránsito duro, pero como dicen por ahí iniciar no fue lo más complicado, sino seguir, a lo largo de éstos años, que tristeza sentirían los pioneros del dicho triunfo del reconocimiento del voto femenino si nos vieran ahora, ¡Aniquilamos su trabajo!

El tres de julio de 1955 las mujeres acudieron por primera vez a elegir Diputados Federales, y aunque este fue un gran paso en la democratización del país, la realidad era que a las mujeres de ese tiempo les costó muchísimo desprenderse de la presión ejercida en ellas por sus padres, esposos, jefes e incluso hijos… pero fueron participantes del cambio en aquella XLIII Legislatura del Congreso de la Unión.

Ahora las ciudadanas debemos estar más comprometidas en nuestra participación cívica, que nuestro país lo merece tanto como nuestra entidad.

“Una papeleta de voto, es más fuerte que la bala de un fusil”.                               Abraham Lincoln

“Los malos gobernantes, son elegidos por los buenos ciudadanos que no votan”

                                                                                                                                       George Jean Nathan

“Las elecciones, a veces, son la venganza del ciudadano. La papeleta es un puñal en un papel.”

                                                                                                                                           David Lloyd George

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