Por: Lylia Ciriam Verdugo Ruiz.

Llegó de un lugar conocido como la tierra, se le trajo por sus cualidades especiales, a pesar de que nadie comprendía como habían dado con él, lo cierto es que quienes lo habían conocido decían que parecía desquiciado, sentía en forma distinta todas las condiciones de las máquinas, así empezó todo:

Aquel lugar olía distinto a todo lo que conocía hasta este momento, entre metal líquido y algún tipo de aceite caliente.

Es un espacio grande, demasiado caluroso, a quienes laboramos allí nos afecta la temperatura del lugar que pude llegar a sentirse hasta 4 ó 5 grados más que la temperatura exterior. Ahora es verano y hemos tenido temperatura de hasta de 36 grados centígrados, a pesar de que el clima es controlado, ¡Imaginen! lo que es estar dentro de aquel lugar.

Sudamos profusamente.

Cada determinado tiempo pasa una especialista de la salud y nos proporciona líquidos, evita que nos deshidratemos.

Alineadas perfectamente, dos hileras de esas moles de acero, con sólo un espacio suficiente para caminar entre esas bestias, que vibran hasta formar aquellas piezas que se hacen en sus entrañas y reclaman la atención únicamente de quien las conoce desde que llegaron allí.

Son especiales. Lo esperan con una paciencia inaudita.

Mientras Juan María, las observa y parece como si las escuchara, su parsimonia las tranquilizara, las calma, las trata como una prolongación de él.

Mientras está al pendiente de todas y cada una de sus máquinas nada les duele, nada les afecta, ni tienen contratiempos.

Basta que sólo sientan que él ya se irá a descansar, para que ellas se inquieten y se sientan solas, abandonadas.

Nadie puede suponer que ese hombre tiene una relación tan estrecha con cada una de ellas, las conoce, sabe desde cuando están allí, donde fueron armadas y donde fueron elaboradas. Para él los instructivos de armado y mantenimiento son sólo cartas descriptivas y su lenguaje es de fácil comprensión.

Llegaron tres máquinas nuevas, así que al leer el manual se percata de que ellas requieren cuidados distintos. De alguna manera se da una relación de afecto entre ellos, para muchos que trabajan en aquel lugar son sólo eso, máquinas, pero para él son algo más, compañeras, amigas.

Nadie pensaría que internamente cada una tienen un nombre, sus habilidades, pero eso no puede contarlo, pensarían que está loco, y ya de por si lo creen.

Eso sería una estocada a su orgullo, ese hombre piensa que podría dormir en medio de aquella nave, mientras ellas hacen todo su trabajo, el ruido y la vibración que producen no le molesta.

Basta que cualquiera de ellas produzca algún sonido extraño o que esté fuera de tiempo el movimiento a presión producido por la inyección del metal, para que voltee con sobresalto a ver aquella moldeadora, intenta conocer lo que le afecta o le duele.

No necesita la ayuda de un técnico para saber qué requiere, ella le dirá lo que necesita, sólo debe poner atención, y así sabrá el mantenimiento que debe darle o los líquidos que deben ser sustituidos.

Si no funcionan bien esa producción se atrasará, independientemente de que sea una pérdida para los directivos. Lo peor es tener que volver a revisar sus parámetros y buscar entre esa gran lista de números el que le indique ¿Qué es lo que le duele? Están por abrir una nueva nave, ahora será más caluroso el ambiente, lo llevan a otra parte, trabajará cerca al sol, y otra vez Juan María deberá leer esos instructivos, pero no es problema, las máquinas se dejan cuidar por él, es solícito en su trabajo, no pregunta nada, se emociona cada que le encargan abrir otra nave, y evitan preguntarle desde dónde llegó, eso a nadie le importa. Una vez más está en conexión total con esas 22 moles de acero. Se supone que las trajeron de su mismo lugar de origen, pero nadie lo sabrá, sólo él y sus máquinas comprenden el mismo lenguaje…     

En este lugar, nadie sabe si es de día o de noche, el sol siempre ilumina, pero tienen que respetar su horario terrestre sino él podría morir, eso no es una opción ahora, se requieren de todos sus conocimientos para poner a funcionar la nueva área.

Llegaron las 22 invitadas nuevas, perfectas, hay que quitar cada protección para poder armarlas adecuadamente. Es importante hacerlo paso a paso, le designan un ayudante, Juan María es muy específico,

 —Que no pregunte mucho, es más de preferencia que sea mudo y muy fuerte—

Los ruidos lo desconcentran.

Si se desconcentra se distrae y no quiere tener un margen de error, eso cuesta tiempo y no es que aquí importe mucho el tiempo. Quiere tener un acercamiento con sus nuevas amigas y que le cuenten de su planeta, ellas saben todo, como son máquinas nadie las toma en consideración y suponen que no se enteran de nada, pero ellas y él saben que no es así.

Pasan algunas horas solares, ya las armó, comienza el ruido, es la primera vez que funcionan, es el proceso más delicado, si no están bien armadas podrían lastimarse, resquebrajarse y hasta morir.

Por un momento siente miedo, se sienta al final del pasillo, pegado a la puerta, espera que cada una inicie su procedimiento de auto calibración, es el tiempo en que no puede intervenir, sonríe, se siente hasta el éxtasis sólo los humanos son capaces de crear algo así, en el que a pesar de haberlas hecho con sumo cuidado siempre queda algo al azar, se le había olvidado lo que era eso.

Ahora, su cara expresa una gran satisfacción, lee los instructivos una vez más traen un águila impresa dice: Hecho en México, todos se sorprenden y voltean a verlo, se ríe a carcajadas. Murmura…

—Dijeron que nunca haríamos algo bien, y hoy trabajamos cerca del sol, los antiguos tenían razón, somos grandes—

Cada máquina una a una ya se calibraron y están listas para contarle todo lo que quiera saber de su mundo, antes de comenzar a trabajar…    

-LAS OPINIONES DEL AUTOR, NO REFLEJAN LAS DE LA EMPRESA-

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