Dicen que la paciencia es una virtud. La vida lleva en ocasiones ritmos muy acelerados que parecieran intentar rebasarnos, y es algo con lo que solemos luchar.

Es muestra de madurez el manejarnos con paciencia, aprender que tipo de cosas son aquellas que podemos hacer esperar, y cuales merecen la pena poner como prioridad.

Por ejemplo, muchos suelen dar largos tiempos de espera para un amor que no es correspondido, pero si se trata de un semáforo que mientras conducimos está a punto de ponerse en rojo decidimos pisar el acelerador. ¿No es curioso?

Hace unos días platicaba con un oficial de policía de nuestra comunidad, y él me comentaba que le parecía increíble cómo la gente prefería poner en riesgo la propia vida y la de terceros, a ser pacientes y esperar un minuto, o menos, en lo que cambia el semáforo.

Retomando el ejemplo de un amor no correspondido, a veces lo que nos produce más daño es precisamente el tiempo que nos dedicamos a esperar, pero en el caso del semáforo es lo contrario, lo que más puede lastimarnos es precisamente la impaciencia.

Uno de los efectos de la impaciencia es que nos causa frustración además suele ponernos de mal humor Y esto es debido al estrés que estamos viviendo debido a nuestra necesidad por apresurar las cosas.

Una de las ventajas de ser pacientes es el tiempo extra que nos da para poder analizar la situación y así tomar mejores decisiones evitando así que el problema aparezca de manera reiterada.

Bueno sí…pero toda la vida recuerdo haber sido impaciente, ¿Se puede cambiar?

Uno de los primeros consejos es deshacernos de nuestra ansiedad de alguna manera saludable, por ejemplo, el realizar alguna actividad física es una buena opción, o practicar técnicas de respiración y relajación.

Aunque principalmente deberíamos tomar conciencia de todas aquellas situaciones que nos hacen sentirnos ansiosos, reconocerlas, para después aceptar que no siempre podemos tener el control sobre todo.

Otra cosa importante es que podemos utilizar la impaciencia de una manera positiva, ya que en ocasiones esa misma ansiedad, por realizar tal vez alguna actividad o comenzar un nuevo proyecto, puede desembocar en comenzar una acción positiva para alcanzar algún objetivo.

Dar tiempo al tiempo, y permitir que las cosas sucedan por sí mismas se dice muy fácil, pero es algo difícil de lograr sobre todo cuando estamos llenos de sentimientos de ansiedad, estrés e impaciencia.

Aprender a no intentar tener el control absoluto nos da tambien la oportunidad de ocuparnos de aquello que en verdad depende de nosotros.

“El que no tiene paciencia ante pequeñas dificultades, fracasa ante grandes problemas”

aguileraf.cf@gmail.com
/Aguileraf.PsicologicaMente
(665) 845-81-48

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