Los números de Evo Morales son envidiables. Redujo la pobreza a casi la mitad; El analfabetismo pasó de 13 a 2%; y el producto interno bruto crece a un ritmo de 4% anual. Estos son solo algunos números de un gobierno exitoso que duró 14 años. Se reeligió 3 veces para lo cual modificó la constitución. En su cuarta reelección, el país se le salió de las manos.

Convocó a un referéndum para consultar sobre su permanencia para un cuarto período y lo perdió. Se registró como candidato a la reelección y el poder judicial boliviano lo avaló en medio de muchas protestas. Aun así se presentó a la elección. La ganó en medio de acusaciones de fraude que pasan por una muy mexicana caída del sistema. Con la aceptación de Evo, la Organización de Estados Americanos revisó la elección, y concluyó también que hubo fraude.

Protestaron primero que nadie, sus antiguos aliados, los sindicatos obreros. Después lo hicieron los empresarios y también los estudiantes. Finalmente lo hizo el ejército. El Secretario de la Defensa le “Sugirió” al presidente que era momento de irse. En Latinoamérica, una sugerencia de este tipo solo termina en dos posibilidades. La primera, te vas voluntariamente, el país mantiene la calma y el presidente la vida. Este fue el caso de Evo. La segunda, se queda y termina derrocado, arrestado o balaceado. Una vez derrocado, la junta militar asume el mando del país.

Los bolivianos no le permitieron a Evo quedarse en la silla presidencial, aun cuando tenían buenos resultados macroeconómicos. No quisieron voltearse para otro lado y permitir el fraude electoral. Se impuso en Bolivia el deseo del pueblo de mantener su ruta democrática y eso implicaba que el presidente no podría seguir por un cuarto mandato. Esta es una buena noticia para el subcontinente que al menos por esta ocasión, deja atrás la tradición de golpes de Estado con gobiernos militares, Jeanine Añez asumió el gobierno por el orden de prelación establecido en la constitución, y al momento de escribir estas líneas, varios países habían ya reconocido su gobierno, entre ellos Estados Unidos y Rusia, consolidando así la ruta democrática y el gobierno civil que se han dado los bolivianos.

La ambición de poder de Evo Morales, lo llevó hasta esta crisis. Habiendo podido irse a su casa con grandes logros en distintas materias en su país, decidió buscar un cuarto período y ganarlo a como diera lugar, incluyendo el fraude electoral. Pudo ser recordado como un gran presidente, ahora lo será como un dictador que quiso seguir en la silla, y que por querer quedarse con el poder presidencial, terminó fuera de su país, en el cual no pudo permanecer ni como presidente ni como ciudadano.

paco@pacogarciaburgos.mx

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