Terminó mi Taller de Narrativa, el tema en particular movió recuerdos y anécdotas de cada uno de los participantes y asistentes, en un lugar que puedes ponerle cualquier nombre, lo importante, es lo que se compartió en cada lectura y cada escrito. Fue difícil escribir sobre el tema, cada uno de nosotros dejó su huella al pasar por cada una de las viviendas que ocupamos. Quedaron Impregnadas de recuerdos, unos gratos y otros no. Las historias, que a su vez se llenaron de la esencia del narrador quien fue el protagonista de su propio escrito, así que me sentí como invitada especial para tomar café en la intimidad que da asistir a cada una de las viviendas descritas en cada uno de esos relatos. En mi imaginación me permití sentarme en el sofá más cómodo de la sala, de las viviendas de personas comunes, como tú y como yo.

Pero con sentimientos y pensamientos que sólo puedes expresar cuando la distancia y el tiempo te permiten reflexionar sobre lo que hemos vivido. Hubo quien describió su casa de tal manera… que pude oler las flores que colocó en el jarrón en la mesa de centro de la sala. Aquella mujer, explicó que en el trabajo de su marido, le cambiaban el lugar en el que prestaría sus servicios, por ello se había mudado a diferentes partes, después de haber ocupado la quinta vivienda descubrió que la palabra “Cambio” ya no era motivo de preocupación, se volvió experta en empacar objetos, y hacer nudos que evitaran que los objetos se dañaran. Desarrolló habilidades para encontrar lugares en donde le proporcionaran las cajas a bajo costo, porque a la hora de mudarse las cajas para guardar los objetos y el papel para envolverlos se vuelven un conflicto económico, más cuando los recursos no abundan.

En su relato, nos enteramos de que pasó por once viviendas, once veces habilitó su casa y la convirtió en un hogar, evitó decir los nombres de las ciudades en las que vivió. Para sentirse en un lugar agradable, a la llegada a la nueva casa que sería habitaba por ella y su familia, imaginaba que era una diseñadora de interiores de gran prestigio. Tomaba con seriedad aquello de instalar cortinas, buscando algo muy parecido a lo que indicaban como tendencia en las revistas de Arquitectura de la época, incluso llegó a generar cierta disposición entre sus vecinas, para hacer cambios y adecuaciones a sus viviendas, al compartir con ellas su experiencia para hacer mejoras en sus hogares y con ello, también llegaron nuevas amistades.

Otra de las asistentes, describió su casa en Sonora, llena de árboles frutales, lugar donde creció, describió con detalle que en las esquinas de cada habitación de la vivienda habían escarbado, dejando huecos. Todo aquello producto de la ambición, pues se decía que en las propiedades antiguas habían escondido tesoros como monedas de oro y otras reliquias de valor, pero ella en lo personal nunca vio que encontraran nada. Nos hizo saber, que hubo gente que llegó con aparatos detectores de metales, pero cada vez la búsqueda fue infructífera, con todo y detectores se arriesgaron. Hicieron perforaciones en las esquinas de las   recámaras, mismas que serían cubiertas después, pero eso dejaba un color distinto en el cemento del piso, pues éste inicialmente había sido terminado con cemento de pulido fino y aquellas excavaciones quedaban como una gran cicatriz de texturas distintas.

Hubo quien lejos de escribir sobre las viviendas, que habitó, describió su transitar por nuestra ciudad tomando como referencia las mascotas perrunas que ha tenido, su arraigo fue más por ellas que su cercanía a la tierra, una forma diferente de ver la vida. Alguien más, su escrito fue tan extenso que sólo lo describió de viva voz, en momentos quebrándosele la misma, pues descubrió que la calle en la que había vivido por casi dos décadas había sido la primera que se había pavimentado en ese municipio. A la entrada de la casa tenía dos parras que le dieron tantas uvas el año pasado que se permitió hacer vino con ellas. Por cierto, este año nos quedamos esperando su fiesta de gracias a la tierra por la cosecha y por supuesto saborear alguna de las uvas.  Ahora reside en un lugar distinto al que trata de adaptarse, pero cuando ve al pasado cercano la recuerda y se percata de una parte de ella se quedó impregnada a las paredes de aquella vivienda.

Hubo quien en el momento no quiso compartirnos su relato, pero un día después supimos que en su trayecto por la vida, no se dio la oportunidad de ver cada detalle de las viviendas en las que habitó, ahora reside en una casa pequeña a la que denomina su “Cueva” lo cobija… disfruta estar en ella. Por su escrito deduzco “Se siente a gusto en ese lugar” al limpiarla y arreglar alguno de sus desperfectos, deja un poco de su persona en ella.

Después de haber leído y escuchado cada una de esas historias, reflexiono, me percato de que soy de las personas que piensa “Nuestra casa es una prolongación de nosotros”, al ver sus interiores, también permitirte saber lo que somos, nuestros gustos, aficiones, deja ver a lo que nos dedicamos. Pienso en lo afortunada que soy, vivo en un lugar como el que me imagine cuando era una niña, en un lugar alto con una linda vista, desde donde puedo ver el mar, el amanecer o el anochecer, en un espectáculo inigualable, donde puedo dejar que vuele mi imaginación, transita entre las nubes de un día nublado, o en el horizonte en aquel lugar en que se pierde el azul del cielo con el azul del mar, donde algunos días la bruma que llega desde mar adentro parece que trae fantasmas del pasado, que susurran por entre los espacios que quedan entre las ventanas o las puertas, y yo… espero que lleguen esos sonidos o las imágenes, provocadas e invocadas por los sonidos o los aromas en mi mente inquieta, que sin más pone en alerta a mi imaginación, buscando las palabras para describir historias. Cuando se me acaban esos recursos, observo ese cuadro frente a mi cama que tiene dibujado un jarrón blanco con diseños azules de porcelana inglesa, lleno de rosas, sobre una mesita de centro de madera, y el marco de borde dorado. Me permiten imaginar un pasado en una historia sacada sólo de un cuadro que me acompaña y que admiro cada mañana o cada noche, donde recuerdo que el arte es una parte importante de mi… 

“El hombre feliz es aquel que siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar”

Goethe

“El hogar está donde está el corazón”

John Green

“No importa el lugar, mi casa es donde soy esperado con amor”

Anónimo

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