En la historiografía mexicana se fue consolidando la historia regional, que junto con el análisis del siglo XIX y principios del XX ofrecieron nuevos conocimientos, esto hacia la década de los ochenta. En estos momentos fue importante acercase al conocimiento de los mercados regionales que se configuraron en el marco de la apertura de los puertos mexicanos desde los inicios del periodo independiente.
Por otra parte, los estudios de la industria en México durante el porfiriato realizados bajo un enfoque de historia nacional, en menor medida, fomentaron el estudio de las empresas industriales particulares en el contexto de la nueva historia regional. Aunque de manera escasa, se inició con los estudios de la burguesía porfiriana y posrevolucionaria. El indagar acerca de los orígenes de la oligarquía decimonónica dio como resultado estudios de la presencia extranjera en México y sus industriales más representativos. Sin embargo, sería hasta la década de los años noventa cuando los estudios de la “Burguesía” empezarían a tener presencia en nuestra academia.
Los pocos investigadores que se aproximaron a la “Burguesía” u “Oligarquía” lo hicieron tomando como eje de análisis principal, para entender las estrategias de acumulación de riqueza de esta clase social, el vínculo oligarquía y poder político, el cual era una práctica fundamental para construir un emporio de negocios tanto comerciales como industriales. Asimismo, la pertenencia a un grupo étnico como los vínculos de parentesco se empezaron a tomar en cuenta para entender el éxito en los negocios. Las problemáticas de este momento historiográfico giraban alrededor de: ¿Por qué en el porfiriato se configuró una oligarquía tan reducida? ¿Cuáles eran las estrategias de acumulación que se derivaban de la vinculación oligarquía-poder político? ¿Qué pasó con la oligarquía decimonónica en el México posrevolucionario? ¿Cómo explicar su sobrevivencia? ¿Cuál fue su relación ahora con el gobierno posrevolucionario? ¿Cuál fue la relación de los militares triunfantes de la Revolución Mexicana y el desarrollo económico? ¿El papel que jugó la nueva burguesía en el proyecto de industrialización y modernización del País?
El trabajo pionero que coordinó Ciro Cardoso, en 1978, La formación de la burguesía en México siglo XIX, estimuló un poco el estudio acerca de las oligarquías y la burguesía al presentar ensayos sobre indagaciones de casas comerciales y hombres de negocios. Asimismo, los trabajos de Mario Cerutti, como el de Burguesía y capitalismo en Monterrey, 1850-1910, de 1983; el de Leticia Gamboa, Los empresarios de ayer. El grupo dominante en la industria textil de Puebla, 1906-1929 de 1985, entre otros. Por su parte, entre los que abordan el periodo posrevolucionario se encuentra el de Mario Ramírez Rancaño, “Los políticos empresarios” publicado en 1982, y el de Alicia Hernández Chávez,”Militares y negocios en la Revolución Mexicana” de 1984.
A finales de la década de los ochentas, Rosenzweig, señalaba que en México durante el porfiriato en el ámbito social, se reestructuraron las clases dominantes al fusionarse en ellas la antigua aristocracia criolla con la nueva burguesía mercantil e intermediaria y con los inversionistas extranjeros, asimilando en un escaso número a los próceres civiles y militares del Estado liberal; y que el control de la riqueza se consolidaba en manos de esta clase dominante. Simultáneamente, desde la historia económica estadounidense sobre México, Stephen Haber, publicó en 1989, Industria y subdesarrollo. La industrialización de México, 1890-1940, (Edición en español 1992). El autor se pregunta por los obstáculos a la industrialización y enfoca su estudio en las grandes empresas del porfiriato. En cuanto a los negociantes los caracterizó también como un estrecho grupo vinculado a la política porfiriana. Por ello, explora la relación entre empresarios y gobierno y su impacto sobre el desarrollo económico. Encontrando que los industriales a partir de su relación con el gobierno seguían estrategias de supervivencia como: La protección comercial que se traducía en protección arancelaria y privilegios gubernamentales. Bajo ese marco, lograron conformar sus empresas en estructuras monopólicas u oligapolicas manifestándose en una concentración industrial. No obstante, señala que estas estrategias no lograban compensar los altos costos que generaba la asimetría entre tecnología y mercado y la baja productividad de los trabajadores, de esta manera explica las bajas tasas de ganancia que encontró en sus cálculos para las pocas grandes empresas porfirianas.
Un trabajo innovador fue el de Enrique Cárdenas, en su libro titulado La industrialización mexicana durante la Gran Depresión, publicado en 1987, (1995 1er reimpresión) presenta el conjunto de repercusiones que acarreó la Gran Depresión estadounidense sobre las economías latinoamericanas. Introduce en la mesa de discusión que al caer las exportaciones de México, se dinamizaron los mercados internos y se sentaron las bases para la acumulación de capital productivo en el País. Sin embargo, al no existir políticas públicas definidas del gobierno posrevolucionario el crecimiento industrial fue caótico y produjo efectos nocivos a largo plazo. No obstante el autor ubica un cierto desarrollo industrial a principios de la década de los años treinta y como consecuencia de la crisis del 29.
En la historiografía económica mexicana la década de los ochenta fue un despegue en los estudios de las empresas decimonónicas y sin duda se privilegió el vínculo burguesía y poder político como una estrategia fundamental para entender el éxito en los negocios. En la siguiente década en los estudios de las empresas y de los negociantes de manera paulatina pero relativamente se incrementaron e incorporaron nuevas herramientas de análisis.

Por Leticia Bibiana Santiago Guerrero

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