Lo irónico es que la mayor parte del tiempo los ateos y liberales están tan obsesionados en proteger al Estado de la influencia de la Iglesia aún mayoritaria, que no ven la potencia de otra Iglesia, o serie de iglesias afines, algunas de ellas controladas por el Estado, que se desarrollan como hormiguero. Su nombre genérico es pentecostal.

Lo peor de todo es el control que ha ejercido a lo largo de un siglo la segunda sobre una gran parte de los núcleos religiosos dentro de los países americanos comenzando por Estados Unidos. Desde la antigüedad todos los viejos imperios paganos (Palabra que significa campesinos, contadini, paysans, pages) usaron la creencia religiosa regulada por el Estado como el principal medio de control mental sobre las poblaciones subyugadas. Todos los imperios caídos en Mesopotamia pasaron por esta experiencia. El culto de Apolo, que más atrás en la antigüedad había sido el culto Gea- Pitón de Delfos, fue el principal enemigo de la civilización concebida por los griegos. Por su parte, los imperios cristianos latino y bizantino usaron a los panteones regulados por el Estado como el principal método de control de los pueblos.

La forma más exitosa de estos intentos de subversión son los cultos carismáticos y los beneficios de la subversión en la que se enredan con otras tendencias híbridas, dependen de una doctrina sin teología, a la vez que arbitraria, ácrata y sin relación con el catolicismo. Su funcionamiento es parecido al del paganismo en la etapa del Imperio romano. Es deber de los gobiernos latinoamericanos controlar la acción del pentecostalismo británico de los escenarios vitales de las naciones, donde están situadas sus fuentes de riqueza.

El Pentecostalismo

El proyecto pentecostal nació cuando una mujer habló en lenguas (Glosolalia) en la iglesia de Charles Fox Parham, en Kansas en 1901. El reverendo Parham difundió el método empleado con su feligrés hasta el momento en que floreció la renovación en 1906 en Los Ángeles. Para entonces Parham se había sumado al israelismo británico y fue adoctrinado en el culto del misterio hegemonista británico por Frank Sandford, quien dirigía un centro de la secta Shiloh en la vecindad de Durham, Maine. Sanford había hecho carrera a la sombra de las relaciones de su familia anglófila con el Israelismo británico.

El mensaje explícito de esta corriente israeliana británica era que deberían abandonar su errada revolución de independencia y reunificarse con sus hermanos raciales. Y tomado al Israelismo como su tesis del destino cósmico del hombre, Parham comenzó a enseñar en EE.UU. cómo sus ciudadanos debían morir intelectualmente, y a hablar en lenguas como práctica religiosa recreativa de la venida del Espíritu santo sobre los apóstoles de Cristo en la fiesta judía de Pentecostés. Los primeros acercamientos se hicieron en el Sur Profundo, al lado del protestantismo bautista.

Al observar los misioneros británicos el rápido arraigo del experimento entre los negros de EE.UU. llevaron el recién nacido Pentecostalismo a Sudáfrica en 1908. El Imperio británico acababa de completar la conquista de ese país tras la guerra de los boers contra los Afrikaner, colonizadores holandeses y británicos. Con el despliegue del Pentecostalismo los devotos zulúes fueron concentrados en la Iglesia de la Misión de la Fe apostólica. El éxito se repitió y Cecil Rhodes, el estratega imperial sudafricano felicitó a los lavadores de cerebro pentecostales por haber conseguido mediatizar a los nativos.

El sudafricano David du Plessis (1905- 1987), fue en los años treinta el conductor de la secta imperial Misión de la Fe Apostólica, llevada por él a EE.UU. y supervisó la formación del Pentecostalismo americano primero a partir del norte de donde se extendería el dominio de este movimiento evangélico hace la América Central.

Dice Pierre Bastien que desde el inicio del gobierno de Don Porfirio Díaz ya había asentamientos mexicanos pentecosteses en el área de Los Ángeles, de cuyo retorno a México dependió su desarrollo en este país. En menos de tres décadas, pues, la población marginada de distintos orígenes en todo el territorio estadounidense quedó dentro del radio de influencia del pentecostalismo.

Al inicio de la década de los años cincuenta, du Plessis era uno de los asesores del Consejo Misionero Internacional, institución formada por las autoridades británicas, del cual emanó el consejo Mundial de Iglesias cuyo control más reciente corresponde a los metodistas. A la vez du Plessis era un agente pagado por la Compañía Emisora del Lejano Oriente (Far East Broadcasting company), que no era más que una fachada religiosa de las agencias de inteligencia oficiales que operaban en Asia, con sede en Filipinas (de este país derivó otra oleada pentecostal que llegó al continente americano).

El pentecostalismo en América

Al 20 o 25 por ciento de la población latinoamericana sigue a alguna corriente evangélica es pentecostal. Los países de mayor cantidad de recursos naturales renovables o no, tienen a la vuelta de la esquina centros de reunión pentecosteses. No es posible prescindir de ellos para la construcción de los nuevos regímenes bonapartistas (Consultar la edición del Partido del Trabajo, de México, de antología sobre el bonapartismo, 2019) que es una forma de gobierno que lo mismo dispensa favores a sus allegados y partidarios que somete a sus adversarios que ciertamente merecen la aplicación de la ley penal. Además, corresponde con privilegios a las adhesiones conferidas por cultos religiosos que no sólo se asoman a la política, sino al crimen organizado.

La Luz del Mundo es un culto de este tipo. Perteneciente en sus orígenes al Pentecostalismo del norte del país, ha pasado a ser una confesión que ha creado su propia teología, a diferencia del resto del pentecostalismo, que no la tiene. Ha dejado atrás el sistema ácrata de gobierno en asamblea, para en su lugar constituir una dirección cupular que permite la maniobra política por su propia cuenta y la adhesión a proyectos criminales como los que se juzgan realmente en un tribunal penal en Los Angeles. Este culto tiene una gran influencia en la clase política que llega al poder a cuestas de Andrés López Obrador y que somete al duro cuestionamiento el nacionalismo del nuevo régimen.

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