Linda expresión del léxico coloquial, cuando una persona no puede guardar sus intenciones y por sus actos es descubierta.

Aplicable en este momento de crisis económica y social en México, por un lado, el quebranto en el precio del petróleo y la pérdida del valor del peso mexicano y por el otro el flagelo mundial que nos ha repercutido y que falta mucho por repercutir que es el coronavirus que causa la enfermedad conocida como Covid-19.

Diputados y senadores deberían estar ocupados y preocupados para atender estas tres pandemias o pestes, tanto la económica como la humana, buscando cómo poder modificar las leyes que por un lado le permitan al industrial y comerciante sobrevivir y a la vez poder tener a sus empleados con su fuente de ingresos. Establecer iniciativas que ayuden al Presidente a tomar decisiones para salir a anunciar los incentivos que puedas dar y la derrama económica que pueda ejercer para mitigar esta debacle que se aproxima.

En lugar de lo anterior, han invertido el tiempo en aprobar una ley, que dice fue un albazo, para poderse reelegir sin dejar su cargo, pues se entiende además como un madruguete a su propio partido y por supuesto una actitud muy mezquina ante la situación que vive en estos momentos México.

Pero desgraciadamente todo está desde la cabeza, el presidente no quiere entender que lo que no salga de él, no son cosas que sus “Opositores” y la “Prensa vendida” quiera perjudicarlo, simplemente son de sentido común el postergar sus proyectos millonarios y dedicar esos dineros en tiempos de crisis a salvar al país y de paso a los más pobres. Pero como en todos los partidos, los congresistas del suyo, no pueden levantar la voz porque cavan su tumba política.

En este país nada ha cambiado, solo regresamos al autoritarismo y a la dictadura sexenal, contra la cual, dice nuestro presidente él luchó. Por supuesto que, con esto no queremos bajo ningún motivo desmeritar el esfuerzo que está haciendo para acabar con la corrupción en la que descaradamente habíamos caído en todas las esferas de la sociedad.

No son momentos de reflexión o de planeación de que pueda acontecer en unos cuantos días, no en unas cuantas semanas, como muchos creen; son momentos de actuar con energía, de permitir a los empresarios tomar decisiones de suspender labores cuando sus negocios no son indispensables que continúen para atacar la pandemia; son momentos de alejarnos del populismo y ayudar a todos por igual en la suspensión de cobros de impuestos, de ayuda humanitaria, en suspensión de pagos de servicios al gobierno y declarar ya el estado de emergencia sanitaria; dejémonos de demagogia y actuemos o el pueblo lo cobrará.

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