Hoy en día, cada vez comemos más por placer que para nutrirnos. Nuestra cultura, la sociedad de estrés en la que vivimos, el marketing alimentario o la facilidad de acceso a una gran variedad de alimentos son factores que pueden influenciar en este problema.

¿Qué es el hambre y cómo se regula?

El hambre es la sensación que indica la necesidad natural de proveer al cuerpo de alimentos, producido por sustancias que operan a nivel del cerebro, en el hipotálamo.

El hambre, la saciedad y el balance energético se regulan por un sistema neuroendocrino integrado a nivel del hipotálamo. El sistema consiste en una compleja red de circuitos neurohormonales. Esta red incluye señales moleculares de origen periférico y central, de corta y de larga duración, así como otros factores de tipo sensorial, mecánico y cognoscitivo.

¿Por qué comemos sin tener hambre?

La industria alimentaria ha creado alimentos con sabores muy potentes para que se nos despierte el apetito y queramos seguir comiendo más. Por ejemplo, la mezcla de azúcar y grasa en los dulces o los alimentos muy salados y con aromas artificiales como las papitas fritas.

El marketing alimentario. Nos encontramos publicidad de comida por todas partes, y no precisamente de comida saludable. Los anuncios publicitarios consiguen que tarareemos su melodía o sepamos su eslogan. Al ver o escuchar el anuncio de algún producto alimenticio, podemos vernos tentados a consumirlo, sea la hora que sea.

Factores sociales y culturales. Otro de los factores por los que comemos sin tener hambre es a causa de que nuestra cultura hace que todo lo celebremos comiendo y bebiendo. Celebrar una fiesta, la navidad, una boda, etc., son momentos que pueden hacer que comamos en exceso sin apenas darnos cuenta.

Las emociones. «Tengo un mal día de trabajo, he tenido mucho estrés, llego a casa agobiado, necesito relajarme y sentirme mejor…». Probablemente, hayas pasado por esto y te hayas refugiado en la comida. Muchas veces comemos por aburrimiento, estrés, felicidad, tristeza, etc. Esto es lo que se llama hambre emocional.

Normalmente, en esos momentos, se puede llegar a perder el control en diferente medida. Lo más común es elegir inconscientemente alimentos poco saludables, que tengan grasa, azúcar o sal.

No dormir lo suficiente. La falta de sueño produce alteraciones en las hormonas encargadas de regular el apetito y hace que tengamos más hambre. También provoca que nos inclinemos más por alimentos más calóricos, con más grasas.

¿Cómo podemos controlar el comer sin tener hambre?

Lo primero es no comprar alimentos poco saludables, como dulces, snacks salados, pizzas, bebidas azucaradas, etc. En sustitución, compraremos alimentos saludables, como fruta, verdura, frutos secos, lácteos naturales, chocolate negro… Así, en el caso de que te den ganas de picotear, solo puedes comer algunos de estos alimentos.

Segundo, escucha a tu cuerpo, hazte la siguiente pregunta: « ¿De verdad tengo hambre?». Si has comido hace poco, seguramente no tengas hambre. Si prefieres comerte una galleta de chocolate en vez de una fruta, puede ser a causa de la ansiedad.

Otra opción, si aún tus ganas se resienten, es ponerte a hacer otra actividad para olvidarte de comer. Por ejemplo, sal a caminar, llama a un amigo o lee un libro. Además, no te olvides de dormir bien y hacer ejercicio físico.

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