La sensación de hambre es un instinto y se regula por nuestro sistema nervioso simpático, así como con esas hormonas que nos inducen dicha sensación por una clara necesidad: Obtener energía para nuestro organismo, para subsistir, para que nuestro cuerpo y cerebro puedan mantener su homeostasis.

Por otro lado, la ansiedad no busca nutrir el organismo, sino suplir momentáneamente las emociones, sentimientos y angustias. Conocer las diferencias entre hambre física y ansiedad es importante. De este modo prevenimos no solo serios problemas de salud como el sobrepeso o la diabetes, sino también otros trastornos alimentarios severos, como por ejemplo, la bulimia nerviosa. 

La primera de las diferencias entre hambre física y ansiedad es que la primera se presenta cuando el organismo necesita más energía. Esto ocurre conforme pasan las horas y tu organismo va quemando las reservas de calorías al realizar sus actividades habituales.

Por lo tanto, es importante saber que el hambre física aparece de forma gradual, sentimos una sensación leve que más tarde va en aumento hasta afectar a nuestro desempeño: Nos sentimos poco a poco con menos fuerzas. Para evitar este tipo de hambre se recomienda hacer comidas ligeras cada pocas horas. De esta forma controlarás tu peso y repones gradualmente la energía de tu cuerpo.

Por su parte, la ansiedad provoca hambre en todo momento: Es ansia, es deseo, es vacío…

Cuando se experimenta este trastorno, tendrás la necesidad de comer incluso inmediatamente después de ingerir alimento. Aunque no exista ninguna razón para comer, te sentirás desesperado por continuar ingiriendo alimentos, es común que el hambre por ansiedad tienda a aumentar durante la noche. El hambre por ansiedad siente el deseo de alimentos muy concretos

Otra de las diferencias entre hambre física y ansiedad es que en la primera no se tiene un deseo particular sobre lo que se va a comer. En este caso, lo que busca tu cuerpo es obtener la energía que necesita. Por esto mismo, podrías comer cualquier cosa. 

Por el contrario, cuando experimentas un ataque de ansiedad, desearás alimentos altos en carbohidratos. En este caso, podrías tener una fruta o un licuado saludable a mano y no lo consumirías porque sencillamente no es lo que te apetece.

En un ataque de ansiedad es común desear ingerir alimentos procesados con un alto contenido de grasas y azúcares, por ejemplo, las papas fritas, los pasteles, galletas, pan dulce etc… 

El problema con la ansiedad es que, una vez que consumes estos productos, puedes caer en una especie de adicción donde cada vez desearás más comida chatarra.

La ansiedad te hará comer incluso cuando ya estás satisfecho. Cuando tienes hambre física solo das a tu cuerpo la cantidad de alimento que requiere. Por este motivo, en cuanto te sientes satisfecho, puedes dejar de comer.

Sin embargo, cuando estás ansioso o estresado, continúas comiendo desesperadamente, como si no hubieras comido antes. Así, la ansiedad te conduce a consumir más cantidad de alimentos de los necesarios.

Si regularmente estás ansioso, es muy probable que puedas padecer sobrepeso u obesidad. Por este motivo, es importante que aprendas a lidiar con el problema a través de técnicas de relajación o bien buscar ayuda profesional para evitar desarrollar problemas metabólicos.

La palabra culpa refiere a que nos sentimos responsables por algo que está mal. El hambre física no nos causa ninguna culpa, porque se trata de una necesidad fisiológica. A través de esta, tu cuerpo se mantiene sano y listo para seguir funcionando. La ansiedad, por el contrario, provoca culpa. Este es un efecto causado por las características de los alimentos altos en azúcar y grasas insaturadas. Además, al mantenerte comiendo durante todo el día sentirás pesadez y no podrás llevar tu rutina diaria habitual.

Conocer las diferencias entre hambre física y ansiedad es importante para poder controlar los impulsos que nos llevan a comer sin medida, pues el exceso de alimentos puede afectar a tu salud.

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